La niña que jugaba al mañana...
Cuando era niña me encantaba imaginarme la vida que tendría cuando creciera. Creo que siempre tuve esa habilidad casi mágica de visualizarme, la capacidad de verme a mí misma en un futuro que aún no existía. Me veía caminar, vestirme, lograr cosas que ni siquiera comprendía del todo. No era un acto profundo, no era una visión espiritual… era simplemente mi juego favorito. Un juego donde la imaginación abría una ventana limpia hacia un mañana que yo inventaba sin miedo.
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Comentarios
¿Y qué pasa, cuando realmente el alma está agotada y nada cobra sentido y los objetivos se desvanecen sin luz al final del túnel?
Aunque uno se detiene a una autoevaluación y a ver lo positivo de cada momento, pero el sentido de las cosas se vuelve más turbio e inexplicable.
No somos estáticos, sino seres en constante evolución, y la vida se redefine a través de la adaptación y el cambio continuo. Para recuperar el sentido, es fundamental reevaluar y adaptar nuestros intereses y enfoque a la realidad actual, en lugar de aferrarnos a perspectivas pasadas.
Leer esta reflexión me hizo sentir como cuando te reencuentras con una amiga después de mucho tiempo alrededor de un café, y te das cuenta que no ha pasado el tiempo, que seguimos dialogando alma a alma con sinceridad y que incluso, desde el disenso, Nos aportamos.
Relaciones que nutren sin duda!